«¡Quiero un abogado!». Las series de televisión y el derecho.

1 junio, 2021
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La ficción estadounidense ha mostrado tradicionalmente un gusto por el tema de la justicia y todo lo que la atañe. Desde series clásicas de la televisión, como Perry Mason (CBS, 1957-1966), los abogados y el entramado judicial han sido temas habituales de la pequeña pantalla. Dentro de la producción de series ficcionales, casi la mitad están dedicadas habituales a temas relacionados con la abogacía, ya sea en formato documental o miniseries entre otros. Desde un punto de vista positivo, estas ficciones judiciales han representado un importante papel didáctico, enseñando a varias generaciones términos y procedimientos judiciales: la educación legal del público norteamericano procede de los mass media.

Algunos hombres buenos. El abogado serial y su posicionamiento ético.

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Fuente: Flickr

En el caso de la ficción televisiva, la lógica del interés trasciende lo legal: allí se llega por la atracción que despierta el entendimiento y la empatía establecida con los personajes y lo que les atañe. Tanto Perry Mason como Law & order asentaron las convenciones del género de abogados televisivos, series formuladas con litigantes profesionales, de los que no se trataba su vida personal/emocional y donde primaba una narración objetiva, y que siempre ganaban. Mason era (un detective privado enmascarado como abogado) perfecto: cada episodio culminaba con un soliloquio que llevaba a una dramática confesión del verdadero culpable en la corte y cerraba con Mason sentado en su oficina explicando a su cliente cómo resolvió el crimen. La (intachable) ética del abogado se confundía con la de su cliente.

Pero en lo negativo, la representación era dañina: por ejemplo, los fiscales acostumbraban a encarnar a los antagonistas y suelen albergar una interesada motivación no precisamente muy ética; y la policía siempre empezaba arrestando al sospechoso erróneo. El protagonista suele ser el abogado defensor, y los clientes acostumbran a ser inocentes, algo que se revelaba tras un intenso y largo interrogatorio.

La corte real y la ficticia

A pesar de asentar las bases de lo judicial, en televisión, las series eran ficciones y eran planteadas como tal. Sin embargo, merece especial mención que desde 1990, Court TV se centra en contenidos como true crime, dramas legales, así como la cobertura de importantes procesos reales, pero alejando al espectador de los procedimientos legales reales. Gran parte de los espectadores de este canal afirman verlo en sustitución de productos ficcionales judiciales clásicos, pero desaparecidos, como Law & Order (Ley y orden); tomaban estos contenidos como reales; y además representan un porcentaje importante de visionado de televisión del ámbito judicial.

La intersección entre realidad y ficción se potencia de tal forma que son muchos los que ponen en tela de juicio la veracidad de los contenidos de la cadena nombrada; y lo que es más curioso, cada vez son más los que perciben la ficcionalización de la realidad: por ejemplo, el juicio de O.J. Simpson podía pasar perfectamente por un episodio de una serie policíaca (algo que luego realizó Ryan Murphy en American Crime Story en 2016); y el juicio de Simpson contra Menendez, directamente estaba amoldado al formato televisivo.

Por otra parte, también llama la atención la mediatización de la corte real: unir la cultura popular con la idea de intenciones informativas, aplicadas a una corte no ficcional, tiene consecuencias jurídicas reales. La inclusión de la cámara, la televisación (dominada por estereotipos ficcionales) del proceso suele acabar en veredictos de culpabilidad, llegando a poner en peligro incluso la integridad del proceso legal, ya que la gente construye representaciones de categorías criminales contrarias a las reales.

La corte serial, ¿espejo de lo social?

En la representación ficcional se encuentran los mismos problemas sociales que en la realidad, y muchas veces parten de clichés o estereotipos negativos que pueden llegar a afectar a la percepción real del crimen en los telespectadores. Esa percepción es tan importante que crea expectativas incluso en los jurados populares, algo que llega a interferir no solo en los procesos judiciales sino en los veredictos. En el ámbito de la policía y más concretamente de la policía forense tiene muchos puntos en común con la ficción legal, y en ocasiones la ética reflejada en ambas áreas puede converger o divergir según movimientos y momentos históricos y sociales. Y las series legales están en contacto con lo social, pero sobre todo con el poder, y por lo tanto con la política.

Sin duda el género legal seguirá evolucionando en la ficción televisiva y la representación de la ley de todos sus componentes seguirá cambiando y llenándose de matices.

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Autor / Autora
Doctora cum laude en Humanidades por la Universidad Pompeu Fabra (2011) y doctora cum laude en Comunicación por la misma universidad (2019). Profesora colaboradora del seminario "El derecho en las series de televisión".
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