La violencia de género en la relación de pareja: el relato de las víctimas

25 noviembre, 2020 violencia-de-genero

Hoy hace un año, en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer presentamos un estudio criminológico en que analizábamos la experiencia y las necesidades de las víctimas de violencia de género en contacto con el sistema de justicia penal.

En este estudio destacábamos, entre otros aspectos, la génesis multicausal de la violencia de género y la necesidad de dar una respuesta a las mujeres que denuncian y a las que no. Para las primeras, es imprescindible sentir que son tratadas con humanidad, que se las escucha y que no se las juzga. También es básico proporcionarles soluciones efectivas para construir su vida a partir del episodio que han vivido.

La violencia de pareja es un grave problema de salud pública que afecta a millones de mujeres en todo el mundo. Las mujeres que no denuncian, o que lo han hecho, pero continúan en una situación de riesgo, están expuestas a potenciales victimizaciones posteriores. Hay que mejorar, como decíamos, la intervención y asistencia a las mujeres, pero también trabajar en la prevención mediante la recuperación de los agresores. Y para ello es muy importante conocer en profundidad las dinámicas de la violencia.

Un estudio cualitativo de la violencia de género

Por ello, la UOC ha ampliado el trabajo al que hacíamos referencia con un segundo estudio, con el título Intimate Partner Violence Victims’ Voices: A qualitative study of Prosecuted Cases in Spain, pendiente de publicación. En este nuevo estudio nos hemos centrado en los discursos de las mismas mujeres que habían sufrido violencia de género no sólo para analizar la génesis de la violencia, sino también de qué tipo de violencia se trata (física o psicológica, general o limitada al círculo íntimo), si el origen de las agresiones es gradual o repentino, y otros aspectos relevantes como la autopercepción de las mujeres (como víctima o como superviviente), así como su punto de vista sobre el agresor, y si pueden desarrollar en algunos casos discursos explicativos -o incluso justificativos – de la actitud violenta de la que fue su pareja.

La riqueza de los relatos de las víctimas es muy grande: muestra la heterogeneidad de los casos y una gama muy amplia de experiencias vividas. Los únicos elementos que se encuentran en todas las narrativas son el abuso del alcohol por parte del agresor, generalmente relacionado con su comportamiento violento, y (muy importante) que todos los agresores de los casos estudiados habían incumplido las órdenes de alejamiento dictadas en sede judicial. En este contexto, la mayoría de las mujeres entrevistadas adoptaban estrategias para no ser localizadas por sus agresores, ya que las órdenes de alejamiento no les proporcionaban ninguna sensación de seguridad.

Las mujeres califican la violencia psicológica como más perjudicial que la física por el efecto anulador que tiene de su autoestima

Otro rasgo muy común es la presencia de violencia psicológica, que actúa muchas veces como preludio y luego como acompañante de la violencia física. Generalmente, cuando la violencia física es habitual ésta aparece en etapas tempranas de la relación y el agresor tiene más tendencia a ser violento en todos los entornos (no sólo en el de pareja). En cambio, cuando consiste en un episodio aislado suele producirse más tarde, tras un aumento gradual de la tensión y en el marco de una discusión. Es importante destacar que las mujeres califican la violencia psicológica como más perjudicial que la física por el efecto anulador que tiene de su autoestima, ya que las convierte en personas inseguras y con dificultades para volver a sentirse capaces de gobernar su propia vida.

Las mujeres, víctimas y supervivientes

En el discurso de las mujeres entrevistadas hemos podido ver que no siempre se identifican como víctimas o como supervivientes, sino que a veces los dos conceptos aparecen desdibujados. Esto no debe sorprendernos: en muchas ocasiones, después de la experiencia altamente traumática, las mujeres ya han iniciado un camino de recuperación, generalmente con apoyo psicológico (el cual valoran muy favorablemente), que les permite empezar a abandonar la etiqueta de víctima y adoptar una actitud de superviviente, lo que sugiere una evolución personal positiva, pero aún retienen aspectos dolorosos de la experiencia inicial. También hay que destacar que en España los agentes sociales, cada vez más implicados en la lucha contra la violencia de género, han visibilizado una imagen ambivalente de las mujeres como víctimas a proteger, pero al mismo tiempo como personas empoderadas, y por lo tanto han contribuido a esta doble percepción. El proceso de desarrollo de la identidad de las mujeres que han sufrido violencia de género es pues, muy complejo.

La personalidad de las mujeres juega un papel muy importante, junto con su biografía y las características de la violencia que han sufrido, en su manera de responder a la violencia y en su actitud de aceptación o de justificación. Parece que los casos de violencia más grave (sobre todo física) facilitan que la víctima tome distancia y se aleje de este tipo de discursos, mientras que cuando la violencia es básicamente psicológica las mujeres tienden a desarrollar un discurso justificativo, lo que también se explica por las características inherentes de este tipo de violencia, más vinculado a sentimientos de dependencia emocional respecto al agresor.

Cuando la violencia es menos sistemática, la etiqueta se vincula a los rasgos de personalidad que conducen a la violencia, más que a la violencia misma

En todo caso, la necesidad de racionalizar la experiencia vivida también contribuye a articular discursos explicativos sobre la posible causa de la violencia. Por ejemplo, las víctimas muchas veces comentan de manera espontánea que la familia del agresor puede ser el origen de su comportamiento, ya sea porque él no ha encontrado afecto o bienestar, porque le han creado un sentimiento de inferioridad que la ha atormentado desde pequeño, o incluso porque es donde el agresor ha aprendido a ser violento. Las mujeres no suelen reflexionar sobre estos aspectos durante su victimización, pero sí cuando están en proceso de recuperación, como manera de eliminar el sentimiento de culpa o de vergüenza que muchas veces se resiste a desaparecer.

La visión que tienen las mujeres sobre sus agresores es igualmente muy interesante: cuando han sido víctimas de violencia psicológica los suelen describir como inteligentes y manipuladores. Cuando la violencia física ha sido frecuente los califican siempre como violentos, y cuando ha sido más esporádica los adjetivos varían más: «obsesivo», «controlador», «celoso», incluso «delincuente». Parece, por tanto, que cuando la violencia es menos sistemática la etiqueta se vincula a los rasgos de personalidad que conducen a la violencia más que a la violencia misma.

La prevención y atención individual, elementos clave

La extraordinaria riqueza de los relatos de las mujeres entrevistadas nos recuerda la necesidad de centrarse en la valoración individual de cada caso y tener en cuenta la naturaleza dinámica no sólo de la violencia, sino también de la narrativa de las víctimas y de su manera de hacer frente a lo que han vivido. Ser conscientes de esta realidad nos dará la flexibilidad necesaria en el momento de la evaluación, tanto con respecto al riesgo individual como de diseño de la prevención: conocer las posibles asociaciones del tipo de violencia con su progresión y el perfil del agresor puede permitir ser más eficaces cuando queramos evitar que estos casos se vuelvan a producir.

Queda un elemento que podría aportar también información muy valiosa: el discurso de los agresores. Es un proyecto de futuro que nos hemos planteado, como fuente poderosa de información. Necesitamos todas las herramientas posibles para construir un futuro mejor para las mujeres víctimas de violencia de género, y el conocimiento es el mejor punto de partida para conseguirlo.

Autor / Autora
Criminóloga por la UOC con el Premio Extraordinario del grado y premio al mejor TFG, Máster en Pericia Caligráfica y Grafoanálisis Europeo por la UAB con medalla Emili Mira y López al mejor trabajo de investigación en ciencias del grafismo. Profesora responsable de los EDCP, colabora en el grupo de investigación en Criminología de la UOC en varios proyectos, entre ellos la experiencia de las mujeres víctimas de violencia de género durante su paso por el sistema de justicia penal y el proyecto europeo FAIRCOM (Contributing to improve an efficient and effective modelo for fair and appropriate compensación to victims of sexual crimes in the EU it), conjuntamente con equipos investigadores de Madrid, Países Bajos, Italia, Letonia y Grecia. https://sexualviolencejustice.eu/).
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