La deliberación online como herramienta de profundización democrática

29 junio, 2020
deliberación online

Las tecnologías de la información y la comunicación – especialmente las redes sociales – han multiplicado las posibilidades de difundir y hacer sentir la propia voz. A nivel agregado, el potencial democratizador es innegable: esto permite abrir y ensanchar el espacio público hacia una mayor pluralidad y diversidad de opiniones, a la vez que proporciona una mayor inmediatez comunicativa al margen de los operadores habituales de la política. Con todo, también introduce algunos interrogantes sobre el buen funcionamiento del debate público y de las democracias en general.

Las redes han sido criticadas, entre otros males, como fuente de polarización e intolerancia, como instrumento de manipulación de la opinión pública o por fomentar la creación de cajas de resonancia. De hecho, el efecto neto de las TIC sobre la democracia es incierto y suscita algunas preguntas relevantes. ¿Hasta qué punto la mayor diversidad que aportan los entornos digitales ha ido acompañada de mayores oportunidades para escuchar realmente los argumentos de los demás? ¿De qué sirve ampliar la diversidad de voces, si no hay voluntad u oportunidades de escuchar a quién piensa de manera diferente?

Se espera que una buena deliberación permita llegar a decisiones colectivas democráticamente más legítimas, fundamentadas y aceptables entre todas las partes implicadas

La dimensión deliberativa

En los últimos años ha ganado peso la idea de que la calidad y el reforzamiento de la democracia pasa necesariamente por una mejora del debate público y de los espacios de deliberación (véase, por ejemplo, Dryzek et al. 2019). La crisis reciente ha espoleado varias iniciativas imaginativas de deliberación ciudadana, con algunos resultados destacables (véase, por ejemplo, Landemore 2015, Farrell et al. 2013). El elemento común es la confianza en poder resolver problemas colectivos a través de dar voz a la ciudadanía en unas condiciones que garanticen la mejor información posible. Para ello, estas experiencias combinan la pluralidad e inclusión de voces (a menudo a través de mecanismos de selección aleatoria) con la creación de entornos propicios para el debate y la reflexión en torno a determinadas problemáticas o políticas públicas.

Entre otras medidas, esto implica aportar al público información completa para el debate, favorecer la escucha activa de todos los puntos de vista y favorecer la justificación y contraposición de argumentos. En el fondo, se espera que una buena deliberación permita llegar a decisiones colectivas democráticamente más legítimas, fundamentadas y aceptables entre todas las partes implicadas. Por su capacidad de llegar a públicos masivos, las tecnologías de la información y la comunicación, pueden jugar un papel clave en todo este proceso. De hecho, la escalabilidad de los procesos deliberativos hacia públicos más amplios pasa por saber aprovechar el enorme potencial de los entornos digitales.

Los retos del entorno digital

En un artículo de publicación reciente, un equipo de investigadores del grupo de investigación GADE (eGobernanza: Administración y Democracia Electrónica) de la UOC analizamos las dinámicas deliberativas que se producen en plataformas digitales orientadas a la participación ciudadana (Borge et al. 2019). En concreto, analizamos la evolución de la calidad deliberativa de un tema polémico dentro de la plataforma Decidim, a través de la medida de diferentes indicadores como el nivel de justificación, reflexividad, reciprocidad o civismo.

Observamos que la deliberación puede emerger de manera espontánea, sobre todo cuando existen opiniones confrontadas y existe la voluntad de exponer argumentos y someterlos al escrutinio de los demás. Con todo, también constatamos la relativa fragilidad de este equilibrio. Sin medidas adicionales orientadas a preservar su calidad, es relativamente fácil que el debate termine siendo monopolizado por pocas personas, y que el entusiasmo inicial a la hora de justificar los argumentos acabe desvaneciéndose, o incluso derive hacia exabruptos o ataques personales. Por este motivo, con el fin de fortalecer la experiencia deliberativa, es muy importante el diseño institucional de la deliberación en términos, por ejemplo, de moderación activa, asegurar la representatividad de las voces o aportar información objetiva previa para el debate.

Se puede objetar que en el caso de las redes sociales, como por ejemplo Twitter, es mucho más difícil incluir reglas o pautas que permitan ordenar el debate. Sin embargo, como ya hemos explicado en otras ocasiones (Borge & Esteve, 2020), las propias plataformas modifican funcionalidades según quejas y problemas detectados. De hecho, hay herramientas que pretenden evitar la confrontación polarizada de usuarios impidiendo que se encuentren los puntos de vista demasiado antagónicos: el bloqueo individual de usuarios o la eliminación de perfiles que vulneren normas de convivencia online. Asimismo existen corrientes de expertos y hackers que proponen algoritmos y socialbots para establecer puentes entre comunidades ideológicas diferentes (Graham & Ackland, 2017) contrarrestando la tendencia de los buscadores y los social media a crear burbujas con el filtrado de la información (Pariser 2012; Turow 2012).

En algunos casos, cuando se trata de temas de amplio interés y con una fuerte movilización detrás, son los propios usuarios los que buscan el debate con los que tienen puntos de vista contrarios y, en cierta medida, autorregulan los términos de la discusión pública, aunque no haya ninguna forma de moderación externa (Balcells & Padró-Solanet, 2019). Estos casos muestran que hay momentos donde el funcionamiento de internet puede asimilarse, aunque sea de manera imperfecta y problemática, a la esfera pública imaginada por los primeros apóstoles del mundo digital.

En definitiva, las tecnologías digitales pueden ser una herramienta útil para potenciar la deliberación y aprovechar al máximo como sociedad los recursos de la inteligencia colectiva. Ahora bien, todo depende de cómo se utilice esta herramienta, de cómo se gestionen sus peligros y oportunidades, lo que nos lleva por caminos que rebasan la estricta cuestión tecnológica.

Referencias

  • Graham, T. & Ackland, R. (2017). Do Socialbots Dream of Popping the Filter Bubble? The role of socialbots in promoting participatory democracy in social media. In M. Bakardjieva & R. Gehl, (Eds.), Socialbots and their friend: Digital media and the automation of sociality (Chapter 10). New York: Routledge.
  • Pariser, E. (2012). The filter bubble: How the new Personalized web is changing what we read and how we think. Penguin Books.
  • Turow, J. (2012). The Daily You: How the New Advertising Industry Is Defining Your Identity and Your Worth. Yale University Press.
Autores / Autoras
Director del Máster Universitario en Administración y Gobierno Electrónico y miembro del Grupo de investigación: GADE (eGobernanza: administración y democracia electrónica)
Profesora Agregada (acreditada) de Ciencas Políticas. Doctora en Ciencias Políticas. Fue Directora adjunta del Doctorado en Sociedad de la información y el conocimiento y del Máster Universitario en Sociedad de la información y el conocimiento. Visiting Scholar en el Centro de Estudios Políticos de la Universidad de Michigan.
Profesor de Ciencias Políticas y de la Administración en la Universidad Oberta de Catalunya. Miembro del grupo eGobernanza, Administración y Democracia Electrónica (GADE), investiga la desintermediación política en el ámbito de los partidos políticos y la administración pública producto de la introducción de las TIC.
Comentarios
despido injustificado chile2 julio, 2020 a las 5:21 am

Muy buen post, sobre todo por la información valiosa que entregan
saludos

Nicolás

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