El juicio oral: preparación e intervención del abogado

11 enero, 2021
juicio oral

Los juicios orales son uno de las actividades que más estresa a los graduados en Derecho. Por eso, desde los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la UOC, se organizó el webinar “El juicio oral: preparación e intervención del abogado”, coordinado por Blanca Torrubia, directora del Máster Universitario de Abogacía. En él, diferentes expertos y profesores del MUA, como el fiscal Ignacio Abinzano, el perito judicial Rafael Orellana o el consultor Jordi Estalella ofrecieron pistas a los futuros profesionales sobre cómo preparar el juicio oral, interrogar a los testigos contrarios o trabajar con los peritos judiciales, entre otros aspectos.  

Preparando el juicio

El papel principal del abogado es defender bien los intereses que le han sido encomendados, tanto si es de la defensa como de la acusación particular. Para Abinzano, “como ingeniero de leyes y tribunales que es, debe ser profesional, objetivo y analizar las cartas que tiene y saber qué se puede hacer con esas cartas”.

En el terreno civil, explica, “una opción es no ir a juicio por sistemas de solución alternativa de conflictos. Pero en el penal tienes que ir a juicio sobre todo cuando se ha cometido un delito. El letrado debe valorar si tiene posibilidades de ganar el juicio o no.”

Es bien cierto que una de las actividades que más preocupa a los estudiantes de Derecho son los juicios orales “por el miedo escénico al que se enfrenta. El estrés es bueno: señal de responsabilidad y ganas de hacerlo bien. El miedo escénico es estrés del malo: se combate con diferentes herramientas” y técnicas comenta Blanca Torrubia, directora del Máster Universitario de Abogacía.

Según el fiscal Ignacio Abinzano hay que tener en cuenta que este miedo escénico es inevitable, pero que “como en la partida de mus, disminuye si tienes buenas cartas. Cuanto mejor te hayas preparado, menos nervioso te pondrás”.

Para este experto, implica centrarse en tres elementos:

  1. Haberse estudiado muy bien la fase de instrucción “porque si no lo hacemos, iremos perdidos en la fase del plenario. Además, si sabemos lo que se dijo, lo que ha pasado, podremos repreguntar y sacar a la luz las contradicciones.”
  2. Coordinarse con el cliente: “hay que saber la versión de nuestro defendido. Al abogado no se le puede mentir. Su respuesta no nos puede sorprender en el plenario porque si no tendremos que improvisar”.
  3. Prepararse el juicio: “es importante conocer la legislación positiva y la procesal así como ponernos hipotéticamente en la otra parte”.

Sin duda, uno de los momentos más importantes es el interrogatorio de los testigos contrarios. Según Jordi Estalella, abogado y consultor de despachos de abogados, “cualquier pregunta es un estímulo audiovisual: somos los encargados de provocar una respuesta a través de la voz, de nuestro mensaje y del lenguaje no verbal. Así que, de cómo actuemos, dependerá la respuesta”.  El interrogatorio consta de tres fases: la de apertura, la de cierre y la de refutación, y en función de cada fase, se debe usar un tipo de pregunta. “En la fase de apertura, utilizaremos preguntas abiertas con pronombres interrogativos como por ejemplo: ¿con quién…? ¿por qué…? En la fase de cierre, apostamos por las preguntas cerradas con respuesta binaria o, como mucho, con tres opciones.  En la de refutación, planteamos preguntas cerradas con contraste de prueba porque queremos poner en un aprieto al testigo contrario” añade.

Es importante, según Estalella, que las preguntas “sean simples y que coordinen sujeto verbo o predicado. Si son extensas, damos la posibilidad de que el juez o el testigo contrario no la entiendan.  Y un tercer aspecto a tener en cuenta: huir de las preguntas encadenadas y utilizar las concurrentes. El testigo intuye por donde irán las siguientes preguntas así que es mejor desordenar las materias”.

Para él, hay tres cosas a evitar en un interrogatorio:

  • Dejar las preguntas o bloques de preguntas abiertas: “el testigo contrario tiene que comprometerse con una opción, la  nuestra o no, por la simple razón es que queremos refutarlo.”
  • No refutar: “Sino lo hacemos es porque no tenemos prueba de contraste. Si eso pasa, igual no hemos seleccionado o hemos interrogado a un testigo que no debíamos o no debemos seguir con esa línea de preguntas o preguntando”.
  • Dejar que el testigo o la parte contraria tome el control del interrogatorio a no ser que tenga  un sentido: obtener más información, quizás esa información extraordinaria se podrá refutar… Sino cometemos un error: cuando es consciente de eso, su motivación aumenta y responde mejor a las siguientes preguntas.

Presentando las pruebas

Para Rafael Orellana, abogado y presidente de la Asociación catalana de peritos judiciales, “la prueba pericial es la prueba reina cuando se dirimen aspectos técnicos que solo puede aclarar un experto en la materia”. Pero el abogado es quien toma la decisión de llevarla a cabo, ya que es el que decide la estrategia probatoria a ejecutar, en este caso, el dictamen pericial de la especialidad precisa, conveniente y necesaria. Por eso, añade, “el abogado tiene que empaparse de esos conocimientos, ya que en el juicio oral deberá formular preguntas correctas. El perito es asesor del abogado: son un tándem fundamental y juntos deben preparar bien el juicio oral y sus intervenciones.” Para él, es clave no pedir una pericial de la que no se sabe la conclusión y “tener un perito de confianza que asesore”.

Para este experto, “el abogado tiene la responsabilidad de elegir un buen perito.  ¿Cuáles son las aptitudes, los signos que deberían caracterizarlo? Que esté especializado en su materia o quizás super especializado pero también en el forense y que tenga capacidad de interactuar con el abogado, dentro de su ética profesional. No va a decir lo que no puede pero ese tándem puede ser muy fructífero. Es importante también que tenga unas buenas aptitudes escritas pero sobre todo orales. Un buen dictamen escrito puede destrozarse en un juicio oral. Nuestra función aguantar las preguntas a veces insistentes si el juez las da por pertinentes las hemos de contestar. El perito debe conocer cómo se lleva un proceso judicial en el que está inmerso”.

¿Es mejor optar por un perito de designa privada o solicitar al tribunal un perito judicial? Para Orellana este no es un tema sencillo, ya que “ las listas de peritos judiciales están mal reguladas. No se establece ningún requisito más allá de tener un título y estar incrito en un colegio oficial o asociación profesional. No se exige una formación adicional a la mera formación del título. No es negativo siempre, pero incumple preceptos como tener cierta experiencia en el ámbito forense o en su ámbito y puede provocar dictámenes erróneos… Si los pasamos por el tamiz de la jurisprudencia, que tienden aunque cada vez menos a dar más validez a aquellos peritajes designados judicialmente por entender, desde mi punto de vista erróneamente, que al no ser pagados por la parte son más imparciales, genera más incertidumbre”. Según Orellana, “en épocas de crisis, las listas de peritos se llenan. En el 2014 o 2015, solo en Catalunya, había del orden de 7000 o 8000 peritos. Además, de acuerdo con la legislación en España, tiene acotado un sistema de pagos que genera incertidumbre, la provisión de fondos”, sin que exista demasiado control. De esta manera, la parte se puede ver abocada a pagar unos honorarios que puedan ser excesivos. Por eso, para Orellana, el abogado debe decantarse “por el de designa privada porque además ofercen servicios de asesoramiento pero también por razones de honorarios. Uno designado por la parte puede consensuar sus honorarios mientras que no los de designa judicial.”

La importancia del informe final

Para el fiscal Abinzano “muchos letrados no dan importancia al informe final. Es cierto que fundamentalmente un juicio se gana o se pierde en la fase probatoria pero a veces nos encontramos en una zona de nadie. El juez, una vez escuchados todos los testigos, no tiene una idea clara. Este es el minuto de oro. Vamos a recopilar todo lo sucedido y darle a la sala las razones por las que debe fallar a nuestro favor”. Para que eso pase, es importante que el informe posea tres cualidades según él:

  • Brevedad: “tiene mucho que ver con captar la atención del que me escucha, si nos permitimos que se  pierda, todo el esfuerzo irá a saco roto. Digamos lo más importante al principio para que calen mis argumentos de entrada. Después, los desarrollo. Y al final, através de marcadores como para concluir o terminar, vuelvo a captar su atención: ahí es el momento de darlo todo en un minuto”.
  • Claridad: “podemos tener ideas geniales en la cabeza pero si no se traducen en palabras y estas llegan al receptor de nada sirven”.
  • Precisión: “hay que explicar lo que ha sucedido en el juicio y no lo que pensamos, no podemos traerlo preparado de casa y aprendido previamente.

Según Estalella, hay cinco errores que no podemos cometer en el informe final:

  • Olvidar al cliente: “Nos debemos a la persuasión del juez pero también de nuestro cliente. Tenemos que convencerle de que hemos estado a la altura de la defensa, que su abogado ha estado brillante, ha sido persuasivo y contundente”.
  • Mirar fijamente al juez y en los juicios virtuales el error es no mirar al ojo de la cámara.
  • Extendernos.
  • Leer: “es un asesinato de la persuasión.”
  • Los informes orbitales, los que no aterrizan nunca. Son de opinión , periodísticos, gaseosos, que no concretan, que no subsumen las pruebas practicadas con los argumentos que tenemos.

Para convencer al juez, hay una serie de conductas verbales y no verbales a tener en cuenta. En la línea de lo comentado por Abinzano, Estalella comenta que “el tiempo y la atención del juez son los dos enemigos que tenemos en un juicio. Hay herramientas que nos ayudan a minimizar o vencer estos enemigos”.

Según este experto, “un gran contenido, un buen alegato o mensaje, que no tenga cierta tensión, que no se module, que llegue con persuasión, será un mensaje poco convincente.” ¿Cómo lo conseguimos? Para Estalella, “a través de la inflexión de la voz y pausando. Los silencios tienen un gran poder en la oratoria y aún más en la procesal. La pausa ayuda a reflexionar sobre lo que se ha dicho y a memorizarlo mejor. Evitemos los latiguillos también”. Entre las herramientas no verbales comenta que hay “que evitar la ampulosidad o grandilocuencia en los gestos. No deben tapar lo importante: el mensaje –los argumentos y pruebas-. A un juez no lo conmueves con sentimientos sino con argumentos y lo convences con pruebas vinculadas a ellos. Esas pruebas o argumentos la acompañamos de oratoria porque hay que probar con pasión, que se transmite por los gestos”. También son importantes las miradas: una mirada fija y detenida sobre alguien hace que se sienta atacado o cohibido. Si miramos fijamente al juez, este bajará la mirada. Hay que distribuirla entre las personas de la sala y eso nos ayudará a dominar el espacio y a no caer en ese error”.

Puedes ver el webinar El juicio oral: preparación e intervención del abogado en el enlace siguiente:

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Redactora col·laboradora
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