El multilateralismo en tiempos de la COVID-19

13 mayo, 2020 multilateralismo OMS COVID19

El multilateralismo, con todo y haber celebrado recientemente su día internacional (el 24 de abril), hace tiempo que no cuenta con el apoyo que necesita para no contradecir su propia esencia. Aunque, bien visto, tener un día internacional, más que una distinción, parece un indicador de que la causa homenajeada no suele ser tan celebrada el resto de los días del año.

Esto es preocupante, ya que no es precisamente un momento en el que la comunidad internacional pueda prescindir de la cooperación para hacer frente a los enormes retos que tiene por delante. Al cambio climático, calificado por el anterior Secretario General de las Naciones Unidas en septiembre de 2018 como “the defining issue of our era (el problema que define nuestra era)”, le ha salido al paso una fuerte competidora, la COVID-19.

La OMS y la declaración de emergencia de la pandemia

En ese sentido, es difícil pasar por alto el hecho de que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, que no parece estar contento con ninguna organización internacional, después de la OTAN, la UNESCO y la OMC, ha encontrado en la Organización Mundial de la Salud (OMS) un nuevo foco de sus críticas. Inconforme por la gestión que la organización ha realizado de la crisis de la COVID-19, los Estados Unidos han retirado sus contribuciones que equivalen aproximadamente al 15% de su presupuesto.

Esto es un fuerte golpe a una organización que depende en gran medida de las contribuciones voluntarias de sus miembros. Por ejemplo, en 2018-2019, las contribuciones voluntarias fueron de 4.328 millones de dólares, mientras que las cuotas de los miembros, llamadas fondos flexibles, fueron en conjunto de 1.583 millones de dólares. Este es un presupuesto muy reducido para una organización internacional que, desde 1946, tiene la salud global como misión. El incremento de ayuda de otras fuentes, como la Unión Europea, no parece que vayan a cambiar demasiado las cosas.

Algunas de las críticas de los Estados Unidos parecen tener fundamento. Por ejemplo, el 23 de enero el Dr. Tedros, Director General de la OMS, decidió no declarar a la COVID-19 una emergencia de salud pública de preocupación internacional, el nivel más elevado de alarma contemplado en el Reglamento Sanitario Internacional de 2005, con lo que se pudo haber perdido un tiempo valioso en los esfuerzos de contención.

Esta decisión se basó en que el Comité de Emergencia estaba dividido casi al cincuenta por ciento sobre recomendar o no la declaración. Para algunos de sus miembros, la evolución y gravedad de la enfermedad aconsejaban elevar el nivel de alarma. Para otros, una declaración de emergencia era prematura tomando en cuenta que en ese momento aún había pocos casos fuera de China y los esfuerzos de contención que se estaban realizando en ese país. El Director General tiene la última palabra sobre si es conveniente elevar el nivel de alarma de la situación y, en este caso, con la mitad de los expertos recomendando la declaración de emergencia, se decantó por escuchar a la mitad contraria.

Multilateralismo en la comunidad internacional

La prudencia del Director General puede encontrar su explicación en una herida sin cerrar producida en la OMS con la gestión de la fiebre porcina (2009-2010). En aquella ocasión la declaración del estado de emergencia fue considerada exagerada por algunos sectores, ya que la cifra de muertes fue más baja de lo esperado (18.500). Sin embargo, la prudencia del Director General contrasta con las palabras de Diddier Houssin, presidente del Comité de Emergencia, quien observó que se debía considerar también el efecto que una potencial declaración del estado de emergencia podía tener en la percepción que la comunidad internacional tiene del país más afectado, China.

Este es un error de cálculo diplomático que, conjuntamente con algunas declaraciones en las que desde la OMS se reconoce con excesivo entusiasmo el esfuerzo que China ha realizado para contener el virus, han alimentado la volátil personalidad del presidente Trump que acusa a la OMS de favorecer a China. Los que conocen al Dr. Tedros hablan de que su carácter no confrontacional queda reflejado en lo que debe entenderse como una estrategia de acercamiento necesaria para lograr la cooperación del gigante asiático.

Sin embargo, es difícil defender algunas de las acciones del Director General de la OMS aludiendo a una estrategia diplomática cuando noticias recientes de la inteligencia alemana aseguran que China pidió al Dr. Tendros ocultar información sobre el coronavirus, justo dos días antes de negarse a declarar la emergencia de salud pública de preocupación internacional. 

Como sucede con otras instituciones, si el Dr. Tedros se ha equivocado, debería ser sustituido, pero no tiene sentido atacar a la institución. Al valorar la necesidad de apoyar o no a la OMS en este momento de crisis, convendría que los líderes de la comunidad internacional tuvieran presente que, en un mundo en el que el dinamismo de la globalización ha desdibujado las fronteras, el multilateralismo parece ser el único mecanismo efectivo para contener la propagación de una enfermedad tan altamente contagiosa como la que nos amenaza.

Sobre el autor

Profesor de los Estudios de Derecho y Ciencias Políticas de la UOC. Doctor en Derecho internacional público (UPF) y colaborador del Centro de Estudios Internacionales de Barcelona en temas relacionados con la Diplomacia y las Organizaciones internacionales.

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