¿Qué sabe Google de mí que yo no sé?

Ante la polémica abierta en Cataluña por el uso de algunas escuelas de Google Suite, nos preguntamos ¿Qué sabe Google de mí?

Al inicio del presente curso escolar en Cataluña se originó un cierto revuelo y polémica por el hecho que algunas escuelas catalanas habían decidido hacer uso de Google Suite en sus centros educativos. Hecho que fue denunciado por la asociación Xnet al considerar que se ponía en peligro la privacidad del alumnado.

Si cualquiera introduce su nombre en un buscador de internet, muy probablemente hallará información sobre sí mismo que desconocía. Esta información (nombre, estudios, profesión, edad, fotografías, contactos, hobbies), en la medida que esté relacionada con una persona física constituye un dato personal. Mucha de esta información no es “secreta” y teóricamente no es crítica. Sin embargo el peligro se halla en relacionar los datos y elaborar perfiles en relación con los que se realizan predicciones. Las consecuencias pueden ser múltiples: que no se nos conceda un préstamo, que la prima del seguro nos sea más elevada que la media o que no se obtenga un puesto de trabajo.

Los datos personales: el petróleo de la sociedad de la información

A nadie se le escapa que internet y la sociedad del conocimiento se cementan precisamente sobre la información, que algunos califican como el petróleo de la actual economía. Dado el valor y relevancia que tienen los datos personales, su tratamiento está sujeto, especialmente en el marco de la UE, a reglas muy estrictas.

Los buscadores constituyen una de las grandes herramientas de la gestión de la información. Los datos que sacan a la luz pueden provenir de distintas fuentes. Puede tratarse de datos que proporciona el propio afectado al llenar un formulario, suscribirse a un servicio, adquirir un producto o que él mismo publica (nótese la gran incontinencia que tienen especialmente los jóvenes en colgar fotografías en Instagram). También puede tratarse de datos proporcionados por terceros. 

Otra gran fuente de información es la que proporciona el afectado sin darse cuenta. Al navegar por internet, pagar con dinero electrónico, consultar la prensa o llevar el móvil conectado, el sujeto deja un rastro de todos sus movimientos. 

Una persona hace una búsqueda online de un libro y, al cabo de un tiempo, se le ofrece publicidad del libro que quería comprar… .

O bien adquiere un billete de avión a un determinado destino y durante los meses posteriores se le bombardea con publicidad de alojamientos y restaurantes relacionados con dicho destino… .

La huella digital es utilizada para llevar a cabo perfiles del sujeto. También el uso de las cookies permite dicha parametrización

No es por casualidad que aparezca toda esta información relacionada con las búsquedas y la actividad llevada a cabo en la red. La huella digital es utilizada para llevar a cabo perfiles del sujeto. También el uso de las cookies permite dicha parametrización, de modo que se va ajustando todo lo que se ofrece al usuario. 

La realización de los perfiles y rastreo de búsquedas comporta el tratamiento de datos personales. En el marco de la UE, para tratar la información personal no existe lo que se conoce en otros ordenamientos como un “free lunch” de datos. Para procesarlos es preciso que exista una causa que lo justifique. El consentimiento constituye una de estas causas.  

Sin embargo, para obtener el consentimiento del afectado es preciso además facilitarle un conjunto de información. ¿Qué sucede? En muchas ocasiones no se proporciona la información adecuada. En otras, la información va cambiando, de modo que se accede a un entorno web con unas condiciones (política de privacidad), que luego se modifican. Y en el mejor de los casos, si la información es correcta, el afectado no la lee y si lo hace, puede que no llegue a percibir plenamente las consecuencias de la aceptación. 

Sin embargo, la gran mayoría de los internautas avanzamos en la navegación proporcionando nuestro consentimiento sin ninguna preocupación, con el único afán de ir a la página siguiente. De este modo los usuarios vamos nutriendo el gran repositorio que es Internet. 

¿Es legal todo lo que Google sabe de mí?

La información que se halla en internet, si no ha sido obtenida de forma legal, deberá ser eliminada. En primer lugar el afectado tiene derecho a que se rectifiquen los datos inexactos que aparecen relativos a su persona. También puede exigir que se supriman sin dilación indebida aquellos datos que hayan sido tratados ilícitamente, por ejemplo, si han sido publicados sin tener previamente el consentimiento del afectado si este necesario.  

Es preciso una conducta diligente del afectado al navegar por la red, ser cautos en la publicación de información. Antes de hacer un click debe tenerse presente que la red nunca olvida

Especial relevancia tiene el tratamiento de datos de menores. Si los datos han sido obtenidos en relación con la oferta de servicios de la SI a menores, serán suprimidos sin que tenga que alegarse nada más. 

En determinados casos el afectado puede ejercer el que se conoce como derecho al “olvido”, si bien técnicamente se trata de una desindexación. Esto es, la posibilidad de solicitar, si concurren determinadas circunstancias, ser eliminado de los resultados que arrojan los motores de búsqueda. 

Debe tenerse en cuenta además que el buscador, como responsable del tratamiento, caso de incumplir la normativa, puede verse sujeto a importantes sanciones económicas. Estas pueden alcanzar los 20 millones de € o, tratándose de una empresa,  el 4% del volumen de negocio total anual global. 

En definitiva, Google sabe más de nosotros que nosotros mismos. Existe un marco normativo que intenta tutelar al afectado para evitar que se convierta en un ser totalmente transparente. Sin embargo, la normativa siempre irá por detrás de la realidad, especialmente en un contexto de revolución tecnológica. Por ello también es preciso una conducta diligente del afectado al navegar por la red, ser cautos en la publicación de información. Antes de hacer un click debe tenerse presente que la red nunca olvida.