El día después: análisis de las elecciones 28-A 🗳

¿Como se han resuelto los interrogantes que planteaban las elecciones del 28-A?

Las de ayer fueron unas de las elecciones más inciertas que se han vivido en la historia reciente de la democracia española. Diversos factores concurrían para hacer estos comicios bastante impredecibles: la fragmentación del sistema de partidos, que ha pasado de estar dominado por dos partidos a un sistema pentapartido; el sistema electoral, por el elevado número de provincias que reparten pocos escaños; la entrada de un nuevo partido Vox, para el que no había un historial de voto previo, y el elevado número de indecisos, que aunque ha ido creciendo en las últimas contiendas en esta –gracias en parte a la multiplicación de alternativas– ha batido todos los records.

Sin embargo, pese a la elevada incertidumbre, no ha habido grandes sorpresas. El PSOE ha ganado cómodamente las elecciones como predecían todas o casi todas las encuestas (aunque esté lejos de la mayoría absoluta), y la mayor incógnita —la posibilidad de un buen resultado de Vox que hubiera hecho sumar a las derechas posibilitando un gobierno como el de Andalucía— también se ha despejado de acuerdo con lo que predecían las encuestas, al menos algunas de las más rigurosas, que le daban un 18% de probabilidades. Quizá, lo más sorprendente de estas elecciones sea el pésimo resultado obtenido por el PP de Casado, muy debajo de las predicciones en la mayoría de encuestas.

A falta de un análisis más detallado y sesudo que podremos ofrecer más adelante cuando hayamos examinado bien los datos, hacemos un balance de los resultados a partir de algunos los principales interrogantes abiertos en estas elecciones.

Participación

Aunque no ha sido el más alto, el nivel de la participación ha estado por encima de la media de participación en elecciones generales (alrededor de 70%), y solo ha sido superada por aquellas elecciones en la que hubo un cambio de ciclo (1977, 1980) y comparable a las de 2004. En general, una alta participación suele beneficiar a la izquierda, y aunque en estas elecciones había dudas sobre a quien podía beneficiar, parece claro que ha vuelto a favorecer a la izquierda, y en particular al PSOE, que ha visto aumentado su caudal de votos en 2 millones frente a menos de 100.000 votos más de la derecha.

El tripartito de derecha

Otra de las incógnitas era si los tres partidos de derecha podrían sumar para formar un gobierno parecido al de Andalucía. El tripartito de derecha se ha quedado lejos de poder sumar: con 157 escaños, el conjunto de la derecha ha perdido 12 escaños respecto a 2016 y se ha quedado a casi veinte de la mayoría absoluta. Con un porcentaje de voto muy similar al que obtuvo en 2016 si sumamos el voto de los tres partidos de derecha (PP-CS-VOX), la fragmentación ha penalizado a la derecha. Previsiblemente, como habían anticipado diversos analistas, la fragmentación podía penalizar a la derecha sobre todo en las provincias que reparten pocos escaños (entre 3 y 5), que son más de 25. Un ejemplo claro de esta penalización la ofrece Ourense, donde la derecha pierde un escaño y donde el último escaño ha ido a parar al PSOE a causa de la división de la derecha. Este fenómeno también ha afectado a distritos más grandes, como Zaragoza, donde también la derecha ha perdido un escaño a favor del PSOE.

La fuerza de VOX

La principal duda sobre el grado de apoyo a Vox era si podía haber voto oculto y de cuánta magnitud. En las elecciones andaluzas no se midió bien su fuerza y por tanto no pudo anticiparse que sus votos acabarían siendo determinantes para forzar el cambio de gobierno. No parece que haya habido mucho voto oculto a Vox, sus  resultados han estado por debajo de lo que estimaban algunas de las encuestas más solventes y por debajo de sus expectativas. Aunque han obtenido apoyo en un número significativo de provincias, en otras tantas se han quedado sin representación, y los escaños obtenidos (24) están por debajo del promedio que estimaban las encuestas. Pero no hay que subestimar estos resultados para un partido de extrema derecha que ha pasado de 0 a 24 escaños. Habrá que estar muy atentos a cómo su presencia en el congreso puede condicionar sus expectativas futuras de voto. Mucho del futuro de Vox dependerá de la estrategia de los dos partidos de derecha más moderada.

La lucha por el centro-derecha

La principal sorpresa que nos han deparado estas elecciones es el pésimo resultado del PP. Los resultados comparativamente mejores de Ciudadanos avivan la competición entre los dos partidos por hacerse con el espacio de centro-derecha. En la estimación de los resultados de estos partidos es donde más se han equivocado las encuestas, que daban al PP mucho mejores resultados y una distancia mucho más grande con respecto a Ciudadanos de la que al final ha obtenido. Este buen resultado de Ciudadanos probablemente le aleja de cualquier posibilidad de un pacto con el PSOE, pese a que ambos partidos suman cómodamente una mayoría, si —como ya han apuntado algunos analistas— aspira a convertirse en la principal alternativa al PSOE.

Potenciales implicaciones de los resultados del 28A

En primer lugar, señalar una aparente paradoja. Hay razones para suponer que el sistema político español está experimentando un incremento de su fragilidad. Por un lado, los subsistemas de partidos catalán y vasco incrementan sus diferencias respecto del sistema político español. El hecho de que PP y VOX no hayan obtenido representación electoral en Euskadi y que en Cataluña hayan obtenido unos resultados marginales muestra el extremo de esta diferenciación. Por otro lado, y conectada con esta evolución, se encuentra el uso electoral de la deslegitimación más o menos intensa de todos los partidos de ámbito estatal con representación –excepto Unidas Podemos– de la solución constitucional que se dio al problema de la integración territorial y nacional en España desde la transición democrática. En conjunto, parece que tanto la sobrepuja electoral de los partidos españoles de la derecha y del centro en el tema nacional y como la sobrepuja los partidos independentistas y regionalistas ha llevado a un incremento de las divisiones territoriales y por tanto el riesgo a largo plazo de inestabilidad, un escenario comparable –salvando las distancias– con los modelos de competición partidista en sociedades plurales (Rabushka y Shepsle, 1972).

Sin embargo, si tenemos en cuenta los resultados electorales a corto plazo, parece garantizado que habrá una mayor estabilidad política –al menos en el nivel del ejecutivo. Ciudadanos no ha podido sumar con PP y VOX para formar una coalición de derechas, pero ha subido lo suficiente en voto para poder rivalizar con éxito con el PP por la hegemonía de la derecha. Por lo tanto, no es probable que Cs se deje tentar por entrar en el gobierno de Sánchez –más bien, su objetivo a medio plazo es ocupar la posición estratégica que ahora ocupa el PSOE. Por su lado Sánchez ya ha anunciado por su portavoz que piensa gobernar en solitario. Como ya estudió (Strom 1990) los gobiernos en minoría son típicos de las democracias parlamentarias europeas. Con apoyos puntuales a ambos lados del espectro político en cuanto lo requiera, el gobierno de Sánchez podrá asegurar su estabilidad.

Artículo de los profesores de Ciència Política: Ana Sofía Cardenal y Albert Padró-Solanet


Referencias:
Rabushka, A., & Shepsle, K. A. (1972). Politics in plural societies : a theory of democratic instability. New York: Pearson/Longman.
Strom, K. (1990). Minority Government and Majority Rule. Cambridge: Cambridge University Press.


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