Ponencia en el IX Congreso Latinoamericano de Ciencia Política (Montevideo)

 

El pasado 26 de julio el profesor Mikel Barreda, de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la UOC, presentó la ponencia “Los efectos de la polarización ideológica sobre la calidad de la democracia: evidencias de América Latina” en el marco del IX Congreso Latinoamericano de Ciencia Política, celebrado en Montevideo.

La polarización mide la dispersión de los partidos políticos en un continuum ideológico e indica el rango de elecciones ideológicas que representan los partidos. Constituye una de las categorías analíticas por excelencia para examinar las características y la dinámica de los sistemas de partidos en una sociedad. Tradicionalmente, la literatura ha presentado la polarización como una cuestión problemática, asociada a conflicto, protesta y parálisis. Uno de los argumentos más repetidos es que una elevada polarización ideológica entorpece el establecimiento de acuerdos y compromisos entre los partidos, lo que comporta consecuencias políticas e institucionales desfavorables. El listado de problemas atribuidos a la polarización es extensa; entre otros, se ha destacado que puede hacer peligrar la legitimidad y la estabilidad de un sistema político, aumentar el nivel de conflicto y protestas populares o dañar la gobernabilidad (por ejemplo, pudiendo generar parálisis institucional, esto es, dificultades para sacar adelante políticas públicas).

En los últimos  años, algunos estudios han mostrado una imagen muy diferente de la polarización y han subrayado sus efectos positivos en distintos aspectos del proceso político. Uno de los ámbitos en que se han situado estos efectos es la calidad democrática. La evidencia empírica al respecto es aún limitada y, por lo general, circunscrita a países de larga trayectoria democrática. En este paper se ha intentado examinar el impacto de la polarización del sistema de partidos en la calidad de las democracias latinoamericanas. Para ello, se han utilizado datos de polarización ideológica de 18 democracias latinoamericanas (durante el periodo 1996-2006) procedentes de la base de datos de Élites Parlamentarias Latinoamericanas, junto con datos de otras 13 fuentes (con información sobre calidad democrática y de otras variables socioeconómicas e institucionales). El análisis empírico constata un impacto positivo de la polarización ideológica sobre la calidad de la democracia, particularmente en tres aspectos: i) la polarización contribuye a mejorar la calidad de los procesos electorales (hace aumentar la confianza en la calidad de los procesos y disminuir la práctica de compra de votos); ii) ayuda a mejorar la calidad de la representación, entendida tanto como “mandato” como “accountability”, según la distinción conocida de Manin, Przeworski y Stokes; iii) mejora la calidad de los mecanismos de accountability (hace disminuir el nivel de corrupción y de favoritismo en decisiones públicas).

Si bien los resultados muestran los efectos positivos que comporta la presencia de partidos con diferencias ideológicas claras entre sí, ello no significa necesariamente que un país con una alta polarización ideológica disfrute de un nivel elevado de calidad democrática. La polarización es uno de los muchos factores que inciden en la calidad de una democracia. Por otro lado, una elevada polarización puede entrañar efectos políticos nocivos. Un autor ha planteado, recientemente, que la relación entre polarización y democracia más que lineal es curvilínea: los efectos negativos de la polarización se presentan tanto cuando ésta muestra unos umbrales muy bajos, como cuando presenta unos umbrales muy elevados. Esta última cuestión es algo sobre lo que seguiremos trabajando en el futuro.